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lunes, 12 de agosto de 2019

En la noche de las Perseidas

"¿Salvar a náufragos, si ni siquiera ayudamos a nuestro vecino? ¿Si ni siquiera sabemos que somos náufragos?"
@SusiUnderground



Publicado en eldiario.es, 12/08/2019 - @BeVergara





Licencia Creative CommonsEn la noche de las Perseidas por José Icaria se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.



jueves, 6 de junio de 2019

viernes, 7 de diciembre de 2018

El "sinthome" del voxeador

Es decir, el último vértice de la interioridad es el pensar. El hombre no es libre cuando no piensa, pues entonces se está comportando en función de otro.

Hegel




Creo que el tweet de punkrockman les molesta porque da (nunca mejor dicho) en el blanco:

"Necesito 100 ultraderechistas para recoger aguacates. Pago 400€ al mes, 10h día. Soy patriota y no quiero contratar emigrantes."

Coincide también con una de mis "Deconstrucciones Icarianas", en la que hablo del "sinthome" del nacionalismo español (y también del catalán): paradójicamente, el patriotismo anti-inmigración convierte a "los de aquí" en "los de fuera":

El "sinthome" (ver Lacan, simplificando, la pieza que mantiene unido un conjunto pero amenaza también con desestabilizarlo; Zizek lo ejemplifica con el chiste del director que no puede irse de vacaciones, sobre todo porque teme que el periódico sí pueda subsistir sin él) del Procés es, probablemente, el "la culpa es de Madrid" (pero Catalunya es "capdavantera" en retallades, y también en despilfarro urbanístico, etc.)

El "sinthome" del "populismo de derechas" (vamos a seguirles la coña) es el "primero los de aquí", que se refiere, obviamente, a las ayudas, y no a los derechos. Es decir, lo digno, evidentemente, sería no necesitar ayudas. Pero los patriotas han desmontado el "estado social" y se han repartido y repatriado las ganancias (esta es, siguiendo la analogía del sinthome, aquello que falla y que se quiere esconder, trasladando la culpa, como en el nazismo se hizo con los judíos, a los emigrantes). De esta manera, se produce una curiosa ironía, "los de aquí" quieren ser reconvertidos foráneos, desprovistos de derechos, para poder seguir lamiendo la mano del amo...

 

 

lunes, 29 de octubre de 2018

Medusas...


Por la noche, una nube

de medusas invadía la playa.

No eran migrantes, sino el peso

de la deuda contraída

por la reestructuración

de la hipoteca. Bandadas

de gaviotas partían después,

con destino a Suiza…


 @joseicaria

lunes, 12 de enero de 2015

El elefante del sultán


HACE años, trabajé varias temporadas recogiendo cerezas. Como ocurría frecuentemente (en las fábricas era peor: mi interés por los anabolizantes, asteroides, coches tuneados y películas del rambo de turno era nulo), acabé intimando con los marroquíes (no así con un turco que iba de líder espiritual, de quien, por otro lado, estos se burlaban llamándole kurdo): la conversación era infinitamente más interesante, y en ellos perduraba intacta la dignidad que mira a los ojos (no sé si me explico, tampoco perderé el tiempo, a estas alturas). 
     Una vez, uno de ellos trató de explicarme, a través de una historia antigua, de dónde provenían los principales problemas que aquejaban a su pueblo. En síntesis, decía más o menos así:
“Hubo una vez un sultán (un potentado) que gobernaba con mano dura, expoliando dramáticamente a sus vasallos con intolerables sumas de tributos. Para colmo de males, el sultán (o potentado), tenía una elefante al que dejaba libremente atravesar, revolcarse o ramonear en los límites de su feudo, destrozando una y otra vez los maltrechos cultivos.
     “Con el tiempo -nadie osaba alzar la voz por temor a represalias-, y después de sucesivas reuniones secretas, se erigió un líder que llevaría al pueblo en masa ante una audiencia con el sultán, para tratar un tema de máxima urgencia.
     “-Y, ¿de qué queréis hablar? -bramó el sultán desde su trono, mientras depositaba la copa de oro y diamantes de la que acababa de dar un trago. (Estandartes, guardia real, conos de sombra bajo los arcos, silencio sólo interrumpido por los caños de agua de la fuente, azulejos, mampostería, caligrafía árabe).
     “-¡Señor !-comenzó el líder, con tono firme-: se trata de... ¡su elefante!
     “-¿Mi elefante? ¡¿Qué pasa con mi elefante?! -clamó el sultán, medio incorporado en su trono (la guardia tensó su posición, en espera de una orden).
     “-Señor, su elefante... -siguió el líder. Extrañado por el creciente silencio se giró y contempló estupefacto que se encontraba sólo frente al sultán-. Señor... -dijo al fin, tragando saliva- creemos que su elefante podría encontrarse solo, y habíamos pensado que quizá sería una buena idea hacerle traer una elefanta, para que se sienta más feliz...”

En efecto, no somos tan diferentes, pensé.




Licencia Creative CommonsEl elefante del sultán por José Icaria se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.