Este 23 de febrero, en el 30 aniversario de aquél decisivo día, decía el rey que “se conoce toda la verdad del 23-F (…) y lo que no, se inventa”. Pero no parece que sea así. O puede ser que él sí lo sepa, pero no el resto. O que el invento fuese anterior, y el golpe hubiese sido “diseñado en un pizarra”, habiendo cumplido ampliamente sus expectativas. Para el resto de súbdit@s-ciudadan@s quedan demasiadas sombras, y lo prueba el hecho de que se renuncie a que se abran investigaciones independientes que confirmen que eso es así (lo que demandaba incluso el periódico El Mundo el 26 de febrero), lo que lleva a pensar que no todo está tan claro. ¿Se tiene miedo a que se destape algo? Y más allá, lo ocurrido ese día debe inscribirse en una revisión amplia sobre todo lo que supuso la “modélica transición” española a la democracia, que, versión oficial aparte, impuso sistema económico, forma de Estado y modelo territorial, que eran temas irrenunciables para la derecha que la dirigió.
El jueves 24, en el programa La Tuerka, de Tele-K, Pablo Iglesias presentaba y moderaba un debate en el que se cuestionaban algunas cosas sobre el golpe y sobre ese contexto más amplio de la Transición. R. Cotarelo, A. Elorza y J. C. Monedero, profesores universitarios, compartían escenario con Emilio Silva, cabeza visible de la ARMH, quien había apostado fuerte contra la versión “oficial” unos días antes con un artículo demoledor sobre el papel del monarca en aquél instante crucial (
http://www.emiliosilva.org/?p=1416).
Como reflexión general válida para todos los contertulios, el rey y la Corona salieron reforzados tras el golpe, si bien las visiones sobre su papel en él son divergentes. La más combativa es la de E. Silva, quien afirma el papel decisivo del rey en la organización de éste, algo que Elorza también deja entrever y Monedero profundiza, apuntando en el sentido de que un rey carente de las tres legitimidades logra hacer que much@s españoles y españolas pasen a ser convencidos monárquicos, o al menos juancarlistas (si bien este término no aparece ni una sola vez en el debate). Visto desde ahora, y posiblemente también desde entonces, parece indiscutible que la “modélica” transición española a la democracia fue hecha principalmente desde la derecha, y el golpe de Estado del 23-F supuso un espaldarazo, al margen de responsabilidades, a las líneas que se estaban fraguando, destinadas, entre otras cosas, a hacer de la ciudadanía un sujeto pasivo, y al rey y a Suárez los verdaderos “motor” y “piloto” del cambio. Integranba a una parte de la izquierda (posiblemente la que se dejó “domesticar” con el posibilismo monárquico, incluído el PCE) y marginando al resto desde el primer momento (E. Silva afirma que 35 partidos de izquierda no pudieron presentarse a las elecciones que decidían las cortes constituyentes, por lo que transición y constitución fueron obra de trileros).
Más allá, muchos son, todavía, los interrogantes que aún quedan por dilucidar, y lo pone de manifiesto que abre el programa un reportaje realizado en la presentación de la película 23-F. El último libro de J. Cercas también ha puesto muchas cosas encima de la mesa, y sigue habiendo un deseo por parte de much@s (El Mundo incluido) de querer conocer toda la verdad, pese al “ya se conoce todo…” del rey.
En ese reportaje de apertura queda patente que quedan muchas cosas por investigar, y mucha democracia por hacer, como se ve en las declaraciones de Paula Prendes en relación a que “no sabe mucho del 23-F por su edad”. Escasa cultura democrática si ese es el criterio de conocimiento, como viene a señalar E. Silva. Prácticamente todo el resto de invitados demuestra también carencias notables sobre demasiadas cosas.
Respecto a lo que supuso el golpe, hay coincidencia en que favoreció a la derecha. Monedero apunta a que se fraguó para contrarrestar los efectos que las libertades iban teniendo en la ciudadanía. A. Elorza remite al desconocimiento sobre la trama civil, y afirma que “machacó a la izquierda y la derecha salió de sus cuevas”. E. Silva se sitúa en una postura más combativa y señala que “permitió a muchos franquistas blanquear su biografía y construyó el pedigrí democrático para mucha gente que no lo tenía (…) Conquistó la impunidad social para los franquistas, [para los que] el 23-F fue un éxito”. Cotarelo, por su parte, juega un papel un tanto extraño, y plantea que no se debe mirar desde ahora, sino tratar de verlo en su momento, donde los que dieron el golpe “no triunfaron, no sabemos por qué, pero no triunfaron”. Posiblemente hace esta afirmación para contradecir a Monedero, con el que mantiene un enfrentamiento en lo personal, que había abierto sus intervenciones con un rotundo “el 23-F fracasó, pero triunfó en su resultado”, hasta el punto de que cuando el PSOE llegue al poder el año siguiente “hará las políticas de ajuste que no podría haber hecho la derecha”.
Vemos así que, al menos de soslayo, se introduce también la cuestión de los grandes intereses económicos. Parece claro que la transición fue obra de unas elites que mantuvieron su status y condenaron al olvido a los perdedores mediante los vergonzantes “pactos de silencio”, culminados con la Ley de Amnistía. A los españoles poco les quedaba por aceptar, ya en 1978, al votarse como un todo libertades y monarquía, sistema económico y modelo territorial. Esto es: “si queréis libertad, tragáis monarquía”, que es la verdadera base de la transición, en la que el rey jugará un papel destacado, entre otras cosas porque se le dejó, siendo el heredero del dictador para unos, y el que rompería su legado para otros. Sorprende cómo supo jugar en tantas aguas turbulentas, y tener tiempo además para ir amasando su enorme fortuna personal al mismo tiempo.
¿Por qué no se investiga con seriedad el papel del rey? ¿Cuál fue su verdadero sitio? ¿Y cuál fue el resultado? Abordemos varias cosas al tiempo, y también en relación al retraso para aparecer en televisión, que cuestiona para muchos que fuese ajeno a éste, y esperó hasta que tuvo claro cuál era la mejor opción… para la Corona (quizá teniendo en mente el ejemplo del rey de Grecia que señala A. Elorza). Para Monedero, desde aquí “el rey, que no tenía ningún tipo de legitimidad, se convirtió en el gran factótum que nos salvó”. Elorza hablaba de que “Tejero fue el tonto útil en un golpe orquestado por la derecha con la anuencia del rey para acallar las reivindicaciones y “malestares” (derivados en buena medida del no referéndum sobre la monarquía o la república). Emilio Silva argumentaba que el retraso fue consciente, a fin de dejar “que el miedo fuese trabajando”. L@s españolas y españoles estaríamos dispuestos luego a aceptar cualquier cosa “menor”. La derecha aceptaba que el PSOE le hiciera el “trabajo sucio” que quedaba por hacer.
¿Qué llama la atención en el mensaje del rey, aparte de su tardanza? El profesor Elorza se sorprendía de que remita solamente a evitar “cualquier solución militar”, y considera el propio golpe como “una solución política”. Sorprende también, aunque ninguno de los contertulios lo ponga encima de la mesa, que hable de “mantener el orden democrático” y no de “mantener las libertades democráticas”. El lenguaje a veces dice muchas cosas, y al hilo señala el papel central de la Corona como único articulador posible de las realidades de España. Está clara la defensa de la monarquía por encima de cualquier otra consideración, como por otro lado fue un contínuum desde el origen mismo de la Transición.
Muchas son las “historias de aquel día” en relación al 23-F. Mientras Anguita afirma en Salvados que se encerró en su despacho con una pistola en la mano, Pilar Primo de Rivera señalaba que “un grupo de españoles dignos trató de salvar la dignidad de la patria”, comentaba R. Cotarelo. Al hilo del debate parece quedar claro que, detrás de tantas cuestiones abiertas, en realidad Carrillo y Gutiérrez Mellado marcaban la reconciliación de las dos Españas enfrentadas, reconociendo (Monedero dixit) que ambos estaban equivocados. Esto puede servir para cerrar lo que pudo suponer el golpe: defensor contra el fascismo y quintacolumnista de éste en el 36 en Madrid, fumando juntos un cigarro y aceptando la autoridad incontestada del rey.
Cierra el programa la sección habitual de rap político, donde Nega, de LCDM, parece tener bastantes menos dudas que contertulios y presentador de la mesa.
Quedan demasiadas dudas, y sólo una certeza. Si para los primeros momentos de la Transición, por ejemplo, Rafael Calvo Serer, del Opus Dei y nada sospechoso de “izquierdismo”, afirmaba que “en 1976, en círculos cercanos a La Zarzuela, se había calculado que en un referéndum libre, don Juan Carlos no obtendría más del 15% de los votos”, para 2000, de ese 15% se había pasado al “elevadísimo grado de aprobación que genera la figura de S.M. el Rey en la sociedad española, tanto en el plano personal como en la función que desempeña en el sistema político, que no ha cambiado, en modo alguno, en los últimos veinte años”.
Parece que, al igual que Tejero, los españoles y españolas en conjunto también fuimos los “tontos útiles” que servimos para la completa restauración/instauración/ reinstauración de la Corona.