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sábado, 9 de marzo de 2019

El feminismo toma el relevo del Procés en Catalunya



Para mí la foto de la jornada estuvo, en algún momento, más allá de la manifestación (en la cual no cabía simplemente un alfiler, el éxito fue incontestable: destacar especialmente la gran afluencia de mujeres jóvenes: normal).

En algún punto de la Gran Vía, una pareja mayor, con lazos amarillos observaba desde el balcón de un primer piso (vi retratado -no hice foto, lo siento- al matrimonio Arnolfini, de van Eyck), con rostro serio: pensé: los independentistas liberales se han quedado fuera.

Me parece que, en Catalunya, el Procés puede estar cediendo el paso (tras su nulo efecto en el capítulo de recortes, en realidad Catalunya lidera esa liga, con sus recortes en materia de sanidad, educación...) en capacidad de convocatoria al feminismo, que parece tener, en este momento, una gran fuerza para aglutinar a la izquierda.

Grupos de mujeres pasaban a nuestro lado (incluyendo uno de mujeres musulmanas, con el cabello cubierto) coreando: "Sense les dones, no haurà revolució".

Siguiendo la estela del 15 M, ese impulso será convenientemente sustituido por el del "empoderamiento" en la política institucional: I. Montero ya vaticinó que la próxima líder de Podemos sería mujer.

Pero sin duda ocurrirán muchas cosas, de índole diversa, y a mí ese escenario me parece más refrescante, más estimulante que el actual. Habrá que ir viendo.

Desde luego, el discurso feminista resulta, para la derecha, imposible de digerir, ya vemos que no hacen más que ponerse en evidencia cada vez que lo intentan.

Está en su atávico Adn el demonizar a la mujer, el intentar someterla, y hay en ello un innegable complejo de inferioridad. Uno de sus reveladores "sinthomes" que decía Lacan.

Por lo demás todos tenemos que seguir aprendiendo. Los macro y micromachismos resultan simplemente inaceptables. 
 
@joseicaria

viernes, 27 de octubre de 2017

LA METAMORFOSIS DEL PROCÉS




Yo sólo veo mamíferos

(Jesús Lizano)


Cuando los españoles se despertaron una mañana después de un sueño (quizá demasiado) tranquilo, se encontraron sobre su cama convertidos en catalanes. “Com ha estat això?”, se oían decir a sí mismos, alucinados. Pero, tras la sorpresa inicial, convinieron que no había resultado la peor opción; después de todo, reconocían, despertar convertidos en escarabajos apenas habría supuesto algún avance, estando como estaban sus vidas reducidas a una condición cucarachil, por culpa de la corrupta oligarquía que, desde tiempos inmemoriales los gobernaba.

      Algunos analistas internacionales que habían seguido el Procés Sobiranista, intentaron explicar la imprevista transformación apuntando a diversas causas, sobre todo de orden psicológico, especialmente las relacionadas con la visión del Piolín (nombre con el que se conocía popularmente el crucero, anclado en el Puerto de Barcelona, donde vivían hacinados varios centenares de maderos y picolos), que había terminado por escenificar, simbólicamente, una dolorosa imagen de la degradación que había sufrido la vida de los españoles a lo largo de las etapas pre y pos constitucionales.

      De manera que, prontamente serenados por el seny catalán, incorporaron el pa amb tomaquet al desayuno (qué delicia, se dijeron, cómo hemos podido ignorar esta exquisitez durante tanto tiempo) y acudieron o no a sus puestos de trabajo (el paro, como el dinosaurio, continuaba allí), pensando en organizar asambleas y alianzas para ver cómo iniciaba su Procés Sobiranista cada región de la Catalunya del Oeste, como enseguida empezó a llamarse.

@joseicaria